Badajoz

El colegio de Badajoz se abrió con carácter provisional, sin embargo, su funcionamiento dejó entrever la posibilidad de una fundación en el futuro. La Madre Coínta se puso al frente del colegio.

Fueron momentos muy duros los que le tocó vivir a la Madre Coínta. Por un lado, estaba el trabajo físico que suponía estar al frente de dos comunidades (Badajoz y Talavera de la Reina) a la vez, para lo cual era necesaria una dosis extra de fortaleza tanto física como psíquica.

Por otro lado, las dificultades a las que tuvo que hacer frente en solitario, al ser la casa de Talavera autónoma, le llevaron a plantearse nuevamente la idea de la Unión. Para lo cual puso en práctica su pureza y su dominio interior, midiendo con justicia y prudencia las ventajas y desventajas de vivir dentro de la Unión.

La esperanza demostrada durante todo este tiempo, también fue notable, ya que todos sus esfuerzos y trabajo, estaban destinados a la mayor gloria de Dios y por ello no se desanimaba ante nada, pues su fe hacía que en todos los acontecimientos de su vida tanto buenos como malos, viera la acción y la voluntad de Dios.

Tras tres años de separación volvió a Talavera, que había sido hospital desde el 5 de septiembre de 1936 hasta el 13 de noviembre de 1939, momento en que las religiosas volvieron a ocuparlo enteramente.


Unión

Llegada a Talavera y una vez reorganizada la vida comunitaria, comenzó a proponer a las religiosas las ventajas de la Unión.

La propuesta de paso a la Unión se sometió a votación entre las 45 religiosas con derecho a voto. El resultado de la elección fue contrario a la Unión. Aceptó humildemente la situación y solicitó a la Santa Sede permiso para trasladarse a un convento de la Unión. El 26 de junio salió de Talavera destinada al convento de San Sebastián, acatando con disponibilidad y obediencia confiada y sumisa la voluntad del Papa.

Su fe en Dios era tan grande, que acató con humildad la decisión de Talavera, ya que vio que era la voluntad de Dios que Talavera siguiera autónoma. La Madre Coínta era feliz ya que veía a Dios en todos los acontecimientos de su vida, tanto felices como amargos, como en este caso.

Por ello, todo aquel que la trató fue objeto de su inmensa caridad, puesto que para ella el amor a Dios se expresaba en el amor al prójimo.